Días locos

Cada día que pasa más convencida estoy que esta aldea global se ha vuelto loca. Pobre Marshall McLuhan (1911–1980) si viera en qué se ha convertido aquella idea de un mundo intercomunicado que lo abarca todo, donde nada hay oculto, donde todo es conocido. Pues no, no es así, y para muestra el ejemplo del silencio informativo que se cierne sobre Honduras. Pase lo que pase allí, pocos medios de comunicación se hacen eco de la noticia. No, el concepto de aldea global tiene fisuras y además se ha vuelto loca.

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Prudencia pero ante todo justicia

Tristeza, dolor, impotencia, preocupación… así me siento escuchando lo que ocurre en Honduras. A miles de kilómetros de allí mi mente, pero sobre todo mi corazón, recorre ese país centroamericano y pone cara a tantas personas conocidas que en estos momentos sufren las consecuencias de una situación a la que nunca se tendría que haber llegado.

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Desconectarse

Desconectarse, de eso se trata, vivir sin Internet, sin correos que contestar, sin prisas por leer lo que te han enviado, si es que lo han hecho, ni enfados por lo que consideras no se ciñe a lo que esperabas. No es fácil, pero cuando llegas a un nivel de trabajo, cuando hay demasiadas cosas en tu cabeza… es necesario y hay que esforzarse por conseguirlo, “a como dé lugar” que dirían mis amigos y amigas hondureñas.

Y eso ha sido lo que he hecho, o al menos lo he intentado, tomarme unos días para estar conmigo misma y con el Señor; dedicarle tiempo a Él y a mí, dormir, descansar, pasear (la verdad lo memos) y orar, encontrarle a ÉL.

Carmel (ya hablé de este lugar en otra ocasión) es un lugar que se presta para esto. Sosiego y silencio, calma y tranquilidad. Debo de estar haciéndome vieja porque ya no he subido tanto a la pequeña montaña para contemplar los atardeceres, he preferido disfrutar del entorno, escuchar los sonidos, pasar tiempo en la capilla y leer, dejarme atrapar por lecturas que me han ayudado a situarme en este momento concreto que me toca vivir.

Como nada es perfecto y después de anunciar a los cuatro vientos que estaría desconectada, mis hermanas tuvieron que dar conmigo porque por error o por las prisas dejé a mí sombra, una perra llamada Luna que me sigue a todos lados como si parte de mí fuera, encerrada en la oficina. No es la primera vez que le pasa, allá donde voy va ella y allí se queda si no es rápida en salir o me olvido de llamarla. Menos mal que se dieron cuenta, tarde porque yo ya me había ido, y pudieron sacarla, sino mi semana de cielo hubiese sido de infierno para ella. Al final las dos disfrutamos de nuestros días, supongo que Luna me echo de menos, yo a ella, la verdad, no.

GPS

Muchas veces, por eso que llamamos principios, nos negamos a algo y después eso que llamamos orgullo, que no es otra cosa que pura cabezonería, nos impide dar marcha atrás. ¿Por qué tanta historia? Para decir que habiéndome negado montones de veces a usar el tan famoso GPS en España, hace un par de semanas, no me quedó otra que utilizarlo aquí en Lilongwe.

Y no deja de hacerme gracia recordar tal situación. Me habían invitado a cenar en uno de esos restaurantes que por estar en una de las zonas residenciales más importantes de la ciudad, no sé si por motivos de seguridad o por qué, es complicado llegar. Así que por miedo a parecer mal educada pero sobre todo impuntual (algo que aborrezco) dejé a un lado mis “principios” y “autorizé” al tan usado GPS para que me dirigiera.

Lo “grande”de esta situación fue que, aunque en varias ocasiones estuve tentada de ignorarlo consciente de ser llevada a través del camino más largo, al final me dejé guiar y llevar hasta la misma entrada del restaurante. Es más, como el nombre era apenas visible y estaba oscuro, “mi GPS” tuvo la osadía de preguntarme si quería seguir caminando o entrar con el coche. Una escena de película, al menos para mí, conduciendo con el run run del GPS en un Lilongwe donde lo de perderse es casi imposible.

Tarde o temprano todos necesitamos de un GPS que nos vuelva a poner en el camino. Lo necesitamos a título personal y social. Gente que cambia de rumbo en su modo de ser, de actuar; gente que empieza a ser ella misma, que no teme y defiende lo que es justo, lo que es digno.

En estos días sigo los acontecimientos de Zimbabwe y Honduras. En ambos casos el GPS político ha abierto una nueva ruta. En Zimbabwe con la salida del presidente Robert Mugabe despues de 37 años en el poder, y en Honduras con la victoria, aún no declarada por el Tribunal Supremo Electoral cuando debería ser ya oficial, de Alianza de Oposición. “Que pinte bien” solían decir en mi pueblo cuando alguien se casaba. Que así sea, que esos logros políticos sean para bien, para levantar a la gente, para velar por sus derechos, para hacer de Zimbabwe y Honduras pasíes de paz y esperanza.

Lástima que el GPS de la sensatez y la cordura no esté al alcance de todos, la historia seguro seria diferente. Yo, por lo que pueda pasar, ya empecé a utilizarlo.

Veinte años

Un 18 de octubre de 1997 llegaba a Malawi via Zimbabwe en un vuelo de British Airways. Recuerdo ese viaje y mi llegada a Malawi al detalle. Un buen número de españoles viajábamos en ese avión, la mayoría haría escala en Lilongwe y seguiría hacia Mozambique. Un miembro de la tripulación nos dio la bienvenida al aterrizar en español y dijo en inglés (claro que yo en ese momento no me enteré de nada) que lo hacía por el número de pasajeros de habla hispana que viajábamos en ese vuelo.

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Brujería

Esta semana me escribía un amigo y me hablaba de la escasez de lluvias en España, de como poco a poco vamos destruyendo el planeta y me recordaba que la gente con la que vivo, con la que comparto mi vida ahora, dependen de ese clima para sobrevivir, de esas lluvias que si tardan en llegar no van a traer buenas cosechas si no hambre y más pobreza.

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17 Asamblea ACWECA

Estoy a punto de concluir mi estancia de cinco días en Dar es Salaam, capital de Tanzania. La verdad no he visto nada de la ciudad, he sentido el calor y la cercanía del océano Índico que envia aire caliente y lo que es a mí me ha hecho sudar todo el día e ir en busca de los ventiladores constantemente. Muchas veces a lo largo de estos días y, cuando más apretaba el calor, me acordé de Honduras y de lo mucho que me costó acostumbrarme a su clima para, una vez que me hice a él, extrañarlo cuando salí de allí.

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